Jordi Hurtado y el elixir de la eterna juventud

Todos conocemos casos de personas que se conservan perfectamente; vamos, que parece que no pasan los años por ellos. Así, nosotros nos vamos encontrando cada vez más mayores mientras ellos parecen tener el mismo aspecto de hace décadas...

Personalmente, a lo largo de estos años televisivos me he encontrado algunos casos así - Ana Rosa Quintana, por ejemplo, se conserva divinamente -. Sin embargo, el que más me llamó la atención fue el de Jordi Hurtado, quien parecía haber hecho un pacto con el mismísimo diablo. Echo la vista atrás, recordando, por ejemplo, aquel "Si lo sé no vengo" de hace dos décadas - el concurso donde se conseguían los famosos mil kilómetros con cada acierto -, que le dio la fama al de San Feliú, y ahí me aparece Jordi exactamente con el mismo aspecto, amén de sus mismos "complementos", verdaderas señas de identidad del presentador: trato educado y cortés con los concursantes, fina ironía en sus apreciaciones y una gran inteligencia, que le ha permitido saber moverse siempre ante las cámaras con elegancia y soltura.

Al verle, cualquiera diría que acaba de cumplir los cuarenta. Sin embargo, repasando su biografía, ésta me dice que nació 1957, es decir, que cuenta a la sazón 52 añitos... ¡parece mentira!

Así, no parece tan raro que hace unos meses se extendiese por la Gran Red - esa increíble malla propagadora de chismes - que Jordi Hurtado había muerto, cosa absolutamente falsa. Yo sólo puedo atestiguar para este caso que le conocí a comienzos de 2007 - es decir, el presentador estaba punto de llegar a los cincuenta - y que me pareció aún más joven en persona. Así que vivo, sí, estaba muy vivo. Y muy ingenioso, para qué negarlo. En esta escena que aquí muestro sabe relativizar mi apurada situación contra el crono con una chispa que ya quisieran para sí los mejores humoristas del mundo...




Y es que al lado de su absoluta corrección tiene Jordi algo que bordea lo cómico y que trae a la mente recuerdos del Charlot más divertido o del Harold LLoyd más disparatado. No en vano fue la voz que dobló a Epi, el inseparable compañero de Blas en Barrio Sésamo.

Por cierto, decir que fue precisamente concursando en "Saber y Ganar" cuando comprendí cuánta razón tenía la frase "¡Qué mala es la ENVIDIA!".

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